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¿Por qué está cerrado el aeropuerto?

Experiencia del pasajero

14 de febrero de 2020 - ¿Sabía que el aeropuerto nunca cierra? Así es. Nunca cierra.

El Aeropuerto Internacional Charlotte Douglas está siempre abierto: las 24 horas del día, los siete días de la semana y los 365 días del año.

Sin embargo, no es raro escuchar a menudo a los pasajeros decir que su vuelo fue cancelado porque el aeropuerto está cerrado. Y cada vez que hay mal tiempo —como el tornado que azotó la "Ciudad Reina" el 6 de febrero—, esas quejas aumentan.

"Mi vuelo fue cancelado porque el aeropuerto está cerrado".

"Está nevando. ¿Va a cerrar el aeropuerto?".

"¿Cuándo cerrará el huracán el aeropuerto?".

El Aeropuerto Internacional Charlotte Douglas es propiedad de la ciudad de Charlotte y es operado por su Departamento de Aviación. El Departamento de Aviación —ubicado justo al otro lado del campo de aviación, en Wilkinson Boulevard— gestiona la terminal de manera muy similar a como un administrador de propiedades gestiona un centro comercial. De hecho, el aeropuerto es, en esencia, un gran centro comercial.

Dentro de esta versión aeroportuaria de un centro comercial, hay tiendas, restaurantes, salas VIP de aerolíneas y otros lugares donde los pasajeros se reúnen y se relajan antes de un vuelo. Cada negocio (piense en Starbucks, Brooks Brothers, Whisky River) es un inquilino del aeropuerto que alquila el espacio que ocupa su actividad comercial; tal como lo hacen las tiendas en un centro comercial convencional.

Los negocios del aeropuerto operan de forma independiente tanto del Departamento de Aviación como de la ciudad. Si bien existen requisitos para garantizar que haya comida, bebidas, servicios y comercios disponibles siempre que haya pasajeros en la terminal, muchos negocios cierran cuando el número de vuelos disminuye durante la noche. Pero la terminal —el aeropuerto en sí— permanece siempre abierta.

¿Ocurre lo mismo con las aerolíneas? Sí y no.

Las aerolíneas son inquilinos, al igual que las tiendas y los restaurantes. Alquilan sus espacios: desde los mostradores de venta de boletos y las puertas de embarque, hasta las áreas de rampa donde realizan sus operaciones. A diferencia de las concesiones comerciales del aeropuerto, existen multitud de razones por las que las aerolíneas no pueden volar; esto lleva a la gente a decir que el aeropuerto está cerrado. No lo está, pero es posible que los aviones no puedan despegar.

Las aeronaves necesitan condiciones meteorológicas adecuadas para despegar y aterrizar. Esa gran "lata de metal" que surca el cielo transporta a cientos de personas cuya seguridad es la máxima prioridad. Ninguna aerolínea querría enviar un avión al aire si existieran condiciones peligrosas.

Si hay demasiado viento, es posible que los aviones deban permanecer en tierra hasta que la situación se calme. Por ejemplo, el paso de huracanes puede generar vientos y lluvias que obliguen a los aviones a permanecer en tierra.

Las condiciones meteorológicas invernales también pueden resultar complicadas.

¿Nieve y hielo en el campo de aviación? Los vuelos podrían sufrir retrasos mientras se despejan las pistas de aterrizaje y las máquinas de deshielo se aseguran de que no se acumule hielo en las alas de las aeronaves.

Despejar de nieve una pista de aterrizaje es muy diferente a despejar Wilkinson Boulevard. En una pista hay luces de balizamiento y equipos de navegación de gran sensibilidad. Si estos quedaran cubiertos por la nieve y fueran arrollados por las máquinas quitanieves, se producirían daños considerables en equipos críticos, esenciales para la seguridad de los viajes.

Del mismo modo, la arena o los agentes descongelantes funcionan bien en las carreteras convencionales utilizadas por los automóviles, pero no en el pavimento de las pistas de aterrizaje. La arena, los escombros y los agentes descongelantes sólidos pueden dejar el pavimento irregular o lleno de baches. Imagine lo que supondría para un avión impactar contra un bache a una velocidad de entre 200 y 300 millas por hora durante el despegue o el aterrizaje.

Y, a pesar de la creencia popular, el Departamento de Aviación —comúnmente conocido simplemente como «el Aeropuerto»— no es quien determina cuándo despegan y aterrizan los aviones. Es la FAA (Administración Federal de Aviación) la que gestiona todo el tráfico aéreo, desde el momento en que un avión abandona su puerta de embarque hasta que despega y, posteriormente, aterriza en su destino. Si los controladores aéreos determinan que resulta peligroso para los aviones iniciar la salida, todos los vuelos quedan en tierra. No obstante, la terminal del Aeropuerto permanece abierta, ya que en su interior hay pasajeros que necesitan comer, utilizar los aseos y buscar formas de pasar el tiempo.

Existen otras situaciones en las que los aviones dejan de volar, lo que lleva a la gente a afirmar que «el Aeropuerto está cerrado». Pues bien, lo cierto es que no lo está.

Si se detecta actividad eléctrica (rayos) en las proximidades del Aeropuerto, no se permite que los aviones despeguen ni aterricen. Los vuelos con destino a CLT son desviados a otros aeropuertos para esperar a que pase la tormenta. Los rayos representan un peligro mayor para las personas que para las aeronaves, las cuales cuentan con pararrayos. Cuando hay actividad eléctrica en la zona, la plataforma (el área donde los trabajadores cargan el equipaje y repostan combustible a los aviones) queda sujeta a una «parada en tierra». Ningún ser humano puede permanecer en la plataforma —un espacio exterior abierto y desprotegido— cuando hay rayos cerca.

Lo cual nos remite de nuevo al tornado del pasado 6 de febrero.

Se avistó un tornado —que había tocado tierra inicialmente en el condado de Gaston— avanzando en dirección al Aeropuerto. Los vuelos quedaron en tierra y se procedió a alejar a los pasajeros de las ventanas de la terminal para que buscaran refugio en el interior de las instalaciones. El tornado era lo suficientemente grande como para ser visible desde los pisos superiores de la torre del Bank of America, en Uptown, a unas pocas millas de distancia.

Durante más de una hora, ningún avión despegó ni aterrizó. Todos esperaron.

Una vez que pasó la tormenta y el peligro hubo cesado, equipos de personas salieron a inspeccionar cada calle de rodaje y pista de aterrizaje en busca de inundaciones, escombros y daños en el pavimento, los edificios y las aeronaves.

Tuvimos suerte. El aeropuerto CLT no sufrió daños a causa del tornado ni de las condiciones meteorológicas adversas del 6 de febrero.

Desde la alerta de tornado hasta la inspección final y la apertura de las pistas, transcurrieron entre dos y tres horas. Decenas de vuelos se vieron afectados.